Método
Cómo trabajamos, y qué no negociamos.
No publicamos nuestra metodología para lucirla. La publicamos porque es lo que permite evaluar si nuestro trabajo se puede defender cuando alguien lo cuestione.
Recorrido de un encargo
Acordamos qué decisión está en juego
Antes de proponer un encargo definimos qué decisión concreta tiene que tomar la organización, quién la toma y cuándo. Si no hay una decisión asociada, el trabajo no tiene destino y conviene no hacerlo.
Levantamos evidencia y la ponemos a prueba
Con métodos cuantitativos y cualitativos en el mismo diseño, y con los datos que la organización ya tiene. Todo hallazgo se triangula: si dos fuentes independientes no lo sostienen, se reporta como hipótesis, no como conclusión.
Traducimos a decisiones y las implementamos
La entrega no es un informe: es una decisión propuesta con su fundamento, su costo, sus riesgos y su plan. Y cuando el encargo lo incluye, la construimos.
Medimos y transferimos
Dejamos instalada la forma de saber si funcionó, y el método documentado para que el equipo interno pueda repetirlo. El cierre de un encargo no debería crear dependencia del siguiente.
Regla 1
Reproducibilidad
Todo resultado nuestro se puede reconstruir desde los datos originales. Entregamos los datos y el código de cada análisis, junto con un anexo metodológico que documenta cada decisión de procesamiento: qué se excluyó, con qué criterio, y qué habría cambiado si el criterio hubiera sido otro.
No es transparencia decorativa. Es exactamente lo que permite sostener una conclusión incómoda frente a un directorio, un donante, una contraloría o la prensa. Un resultado que no se puede auditar vale lo que vale la confianza en quien lo firma — y esa confianza se agota en la primera cifra que alguien logra discutir.
Consecuencia práctica: usamos herramientas de código abierto y formatos estándar. No porque sean gratis, sino porque un resultado encerrado en una herramienta propietaria no es auditable por un tercero.
Regla 2
Los datos son de quien los genera
Trabajamos con datos de personas: trabajadores que responden una encuesta interna, usuarios de un servicio público, beneficiarios de un programa social. Esas personas no son la contraparte que nos contrata, y aun así son quienes asumen el riesgo si algo se maneja mal.
- Quien responde sabe para qué se usará su respuesta, quién accederá a ella y por cuánto tiempo se conserva.
- El anonimato es una propiedad técnica del sistema, no una promesa del correo de invitación: ningún reporte se genera bajo el umbral mínimo de respuestas, y el umbral se aplica al cruce de filtros, que es donde ocurre la reidentificación.
- Los datos identificables se separan de las respuestas y se eliminan al cerrar el encargo.
- La organización recibe su base de datos; nosotros no la reutilizamos para otros fines.
Además del argumento ético, hay uno práctico: una medición en la que la gente no confía entrega respuestas prudentes, y las respuestas prudentes no sirven para decidir nada.
Regla 3
Decimos también cuando no funcionó
Un evaluador que siempre encuentra impacto positivo no está evaluando. Si el resultado es que el programa no produjo el efecto buscado, así se reporta — con la misma claridad y con las mismas garantías metodológicas que si hubiera funcionado.
Esto se acuerda antes de empezar, porque es la única forma de que la conclusión tenga valor. Si el encargo requiere un informe que respalde una decisión ya tomada, no somos el proveedor adecuado, y lo decimos en la primera reunión en lugar de en la última.
Herramientas
Sobre la parte técnica
Construimos nuestro propio instrumental: modelos, plataformas, procesos de captura y automatización, sistemas de visualización. Eso nos permite hacer en semanas lo que el método tradicional hace en meses, y sostener después lo que construimos.
Qué lenguaje o qué librería usamos es una decisión de ingeniería que tomamos según el encargo, y no debería ser un criterio de contratación. Lo que sí importa —y por eso está en la regla 1— es que el resultado sea reproducible y que el código quede en manos de la organización.
Empecemos por entender el problema.
Una conversación de 60 minutos con nuestro equipo, sin costo: sale de ahí con un diagnóstico preliminar del problema y una recomendación de por dónde partir. La contrate con nosotros o no.